Cuando llueve todos se mojan

Ansina sucedió mi amitu, por aquellos tiempos cuando mi Taitita servilla en la casa hacienda, jijo que era bien retebonita con su color blanco hevo y su techo rojo, linda era la parte que da al rillo justo en el barranco con sus columnasa, psero lo que más era de ver era la güerta; que a los lanquitos sólo les interesaba como adorno y alegrilla de sus ojos, aunque tamién comillan las jrutas. Las plantlas eran cuidadas como sa sus hijas por don Manuel Flores. Si parece que fue ayer cuando Taitita Dios castigó la maldá y soberbia de los blanquitos, pos a nosotros ni a oler las jrtas nos daban; fue en el año quince pa la fiesta de San Chabaquito, desde diciembre las lluvias dilla y noche nos jodillan, yo le decilla a miamo Venancio “sacca tu camotera pa Sojo”, ansina tamén a mi cumpita Savedra “salga con sus churres pal pueblo por que el año que viene va a bien bravazo y de las chacras nada va a quedar”, pero nadie me hizo caso. Pero que jijunagramputa, billa sido el rillo, esa noche rugilla el condenao ansina como los caballos en tropel o como las bombas de la ovejerilla cuando trabajan todas juntas, la gente se alarmó y salió corriendo de sus chocitqas para ver la novedá, demás la lluvia traspasaba los techos de totora de sus chocitas, cuando llegaron al barranco vieron al rillo llenote su panzota de agua turbia como chicha espumosa que golpellaba con furia y arrastraba palizadas, troncos y hasta animales pasaban como palitos de fósforos bien velozores. Daba pena aguaitar pal rillo virgen santísima del purgatorio esos tumbazos que se alzagban y chocaban entre ellos producciendo con el encontrón como una segunda lluvia. Ansina fue ese amanecer, a el agua parecilla que la tiraban con cántaron del cielo, los rayos y truenos nos tenían