La leyenda de la Chununa enamorada

Carlos Alvarez Andrade

Cuando yo tenía más o menos unos doce años de edad, el finado mi abuelo Nicolás me contaba a manera de entretenimiento la leyenda de la chununa enamorada. Habiendo side él mismo protagonista de esta leyenda, me la contaba así:

Cuando yo era más o menos de tu edad, mis padres tenían una chacrita y para llegar a la misma se empleaba cerca de dos horas. Como yo era el primigénito cargaba con la mayor parte de los quehaceres de la casa: acarrear agua en los burros, cortar pasto, cargar leña, dar de comer a los animales y otras cosas más.

Cierto día me dijo mi papá: Nico, ensilla a "Panchito" (así llamábamos a unos de los burritos) y te vas das das a la chacra a traer un poco de recau para que mamá nos de en el desayuno con esas caballitas que he comprau donde mi comadre Chabela.

Para llegar a la chacra se tenía que pasar frente a una crucecita (según dice, hace muchos años allí unos trabajadores del campo violaron y mataron a una niña, dejando su cadáver para que se lo coman las aves de rapiña. También decían que la niña estaba mora...) Antes de pasar la crucecita me hice la seña de la cruz porque en aquel lugar asustaban. Al poco rato de haber pasado sentí que alguien se sentó en las ancas de "Panchito" y me apretaba fuertemente la cintura. Miré para atrás y me sorprendió no ver a nadie, comprendí que no era cosa natural. "Panchito", al sentir el extraño peso, comenzó a inquietarse y a repartir patadas a diestra y siniestra de un sacudón fui a parar al suelo. Rato después, ya repuesto un poco del porrazo, me fui parando poco a poco y sentía que alguien me cogía de la mano y me jalaba en dirección contraria a la chacra.

Yo hacía fuerza para no dejarme llevar por esa fuerza extraña, pero ese alguien me jalaba másy más. Me acordé de Dios y dije: Dios mío, aparta de mí toda tentación, pero la cosa seguía igual. Entonces me acordé que mi papá decía que cuando suceden estas cosas hay que resondrarlos y dije:

-So jijuna de m... ¿qué es lo que quieres de mí...? y suéltame, carajo, yo soy de este mundo. Y como por arte de magia me soltaron.

Rato después, caminando poco a poco, llegue a la chacra. Parado frente a la puerta estaba "Panchito", me acordé del porrazo y cogiendo un palo descargué mi ira sobre él diciendo: -so gramputa... toma para que otra vez aprendas a no tumbar a tu amo, pum, pum, pum...

Después de haber golpeado a "Panchito", ingresé a la chacra y cogiendo un barretón saque yucas y camotes, acomodé mi pequeña carga en el lome de "Panchito" y regrese a casa.

-¿Nico a qué se debe tu tardanza?, te noto pálido, estás blanco como un papel.

Solamente atiné a decir:

-Por el camino se cruzó una pollina y el "Panchito" se desgaritó, de un sacudón me mandó al suelo y me soñó.

Abuelito, -¿y no le dijiste a tu papá de lo que te había sucedido con esa cosa mala?-, pregunté.

-No, hijo, si le decía eso a mi papá no me iba a creer, me iba a tildar de haragán y me iba a decir que eso era cuento chino por no traer las yucas y los camotes, y eso era penquiada segura.

Una semana después de lo sucedido, sentía más a menudo la cosa mala y me seguía a todas partes: si me iba a traer agua, ese alguien en son de broma me salpicaba agua en la cara, si me iba a la chacra a cortar yerba para los animales, yo dejaba los manojos amarrados y cuando volvía para llevarlos estaban desatados y esparcidos. Lo mismo sucedía con las mazorcas, volaban y venía a estrellarse en mi cabeza o mi espalda.

Se me olvidaba decirte que a unos cincuenta metros de la casa vivía mi padrino Matias. Tenía una hija de mi edad, se llamaba Chabela, era güenamoza la bandida, también te diré que era mi gila, y llevaba con ella varios tiempitos de enamorado. Como yo era maltoncito, dormía en un cuarto aparte. Horas antes había conversado con mi Chabela para que a eso de la diez de la noche se escape de su casa y vaya a mi cuarto a dormir conmigo. Era una noche de plenilunio de un miércoles santo, como yo había pactado con la Chabela para que venga a mi cuarto, a eso de las nueve de la noche me acosté dejando la puerte entreabierta para tal efecto. El tiempo fue transcurrido y la Chabela no llegó a la hora convenida. Esto me preocupó mucho y me dije para mis adentros:

-De repente sus viejos la sintieron que se escapaba y le han dado su penquiada.

Los gallos cantaban y yo me encontraba muy nervioso; un instante después sentí que la puerta se abría y entraba un airecito raro que helaba los huesos, parecía que el corazón se me iba a salir del pecho y me palpitaba durísimo. Es mi Chabela que ya viene, pensé.

-¿Chabela por qué has demorado tanto? Yo te dije que vinieras temprano. Dime ¿tu padre no se han dado cuenta de tus escapadas?

No hubo respuesta a mi pregunta.

Por segunda vez volví a preguntar.

Tampoco hubo respuesta alguna.

Al instante sentí que me desabotonaban la camisa y me acariciaban, yo quería corresponder a esas caricias, pero no tocaba a nadie. La cosa se puso de candela cuando trataban de sacarme el pantalón. Allí fue donde ya no pude soportar más y comencé a gritar como un condenado llamando a mis papás.

Rato después ellos llegaron y me preguntaron:

-¿Qué pasa Nico?, gritabas como si te estuvieran matando o ¿has tenido algún sueño malo?

-No nada de eso-, respondí -hace poco ha estado aquí en mi cama una cosa mala y no me dejaba tranquilo.

El tiempo fue transcurriendo y en mí se operaron muchos cambios. Comencé a perder peso, hacía ademanes como si estuviera peleando con alguien, mi piel que era de color rosado se iba tornando amarilla. Esa cosa mala no me dejaba ni a sol ni a sombra.

Un buen día mi padrino Matías se acercó a mi papá y le dijo:

-Oiga cumpita, ¿Qué le pasa a mi ahijadito?

-Lo noto muy flaco y tiene un color de muerto. Muchas veces conversa solito y hasta parece que pelea con alguien.

-Como tu mozo ya está maltoncito, ¿no se estará haciendo la manuela y eso le está tocando el cerebro?

-No, no, nada de eso, replicó mi papá.

-A mi Nico le están sucediendo cosas raras.

-Fijese usted, la noche pasada nos asustó decho. En su cuarto gritaba como un loco y fuimos a verlo nos decía que una cosa mala se había acostado en su cama.

-Yo estoy bien seguro que esa cosa es lo que lo tiene así a mi Nico.

Como te conté hace rato, con la Chabela llevaba varios tiempitos de enamorado y siempre a escondidas nos hacíamos el manguito. Pero desde que esa cosa mala me perseguía, todo cambió.

La Chabela me tenía miedo y me decía:

-Tu eres malo conmigo, ya no eres el mismo de antes, siempre que converso contigo me jalas de mis moños, me peñiscas y me das manazos fuertes en el poto y hasta me quieres tumbar.

-Yo nunca te he hecho nada de lo que me dices-, respondí.

Al momento comprendí que esas cosas eran obra de la cosa mala, estaba celosa con la Chabela y trataba en lo posible de aburrirla para que yo termine con ella.

-Abuelito, abuelito, ¿cómo hiciste para que esa cosa mala que tú llamas ya no te siguiera?-, pregunté.