Huancabamba Chulucanas Ayabaca
Un poblado lleno de misterio.
¿Cómo llegar?
Las Huaringas
La ciudad de Barro
Los encantos de La Encantada
Cautivos de las Alturas
Las ruinas de Aypate
El bosque de Orquídeas

Ayabaca:
Descansando sobre nubes

Raquel Ramos R.

 

Cautivos de las alturas 

Parecíamos personajes vivos de un gran cuadro rodeados de montañas que reposan sobre un gran colchón de nubes y con el privilegio de contemplar la tragedia de la muerte del sol en una tarde de verano a 3,000 m.s.n.m. Fue en un atardecer en Yantuma, en la magia de la provincia de Ayabaca.

A las 9.20 de la mañana empezamos el viaje a esta ciudad, ubicada a 2,700 m.s.n.m. en la sierra piurana. Hace algunos años era casi imposible conseguir un bus que nos trasladara con cierta comodidad. Para quienes no tenían la facilidad de viajar en un vehículo propio, no le quedaba más remedio que ‘treparse’ sobre algún camión o camioneta y viajar de cualquier modo. ¡Lo importante era llegar!

Sin duda, las cosas han mejorado en los últimos años, pero aún falta mucho por hacer, si se quiere aprovechar al máximo la belleza de Ayabaca como parte de la oferta turística del país, en beneficio de sus pobladores. Para empezar, se hace muy conveniente construir una carretera totalmente asfaltada.

Durante seis horas de viaje recorrimos los 211 kilómetros que nos llevaron a la ciudad. En el trayecto fuimos ‘decubriendo’ pueblos como Las Lomas, El Guineo, Paimas, Tondopa -donde está el puente que cruza el Río Quiroz-, Arreipite Bajo, Arreipite Alto, Pingola –el sitio más alto de la zona- y finalmente  llegamos a Ayabaca, capital de la provincia del mismo nombre que este año celebró sus 138 años de creación política.

El fin de semana pasado, con cuatro días de descanso, nos animó -al igual que a muchos otros- a movilizarnos hasta esta parte del departamento de Piura. La capacidad hotelera se resume en ocho hoteles, número insuficiente si es que pretende atraer a un número importante de turistas. Quizá los mismos pobladores pueden convertir sus casas en sitios de “hospedaje”, ambientarlos convenientemente y convertir esta actividad en una fuente de trabajo e ingreso familiar.

La Festividad Patronal del Señor Cautivo de Ayabaca, que se celebra entre el 10 y el 15 de octubre, reúne durante estos días, e incluso en todos los del mes, a un importante número de peregrinos. Son muchos miles los viajeros provenientes de distintas provincias y distritos del Departamento, así como de otros, y hasta de Ecuador y Colombia, los que acuden a Ayabaca a la tradicional fiesta.

La excepcional muerte del rey

La misma tarde llegamos hasta el cerro Yantuma en 40 minutos de viaje. Es en Yacupamapa donde se inicia el ascenso a la cima del cerro. La vista que ofrece es impresionante. En el trayecto se pueden apreciar verdes prados flanqueados por arbustos, árboles con un hermoso y variado colorido de hojas y flores, así como los restos de los andenes incaicos. En este lugar, ya se han producido algunos hallazgos de momias como resultado de la búsqueda de huacos -“huaqueo”- realizada por sus pobladores.

Desde cierto punto, al descender de la cima, se observa al Este la ciudad de Ayabaca y al Oeste, el sol que se oculta. El espectáculo es impresionante, poco después de las seis de la tarde, aproximadamente durante 15 minutos el gran colchón de nubes muda su blancura por innumerables tonos del arco iris que va desde un trágico anaranjado, pasando por varios tonos de amarillo, hasta llegar al celeste que toca el  turquesa. Y coincidió que detrás, la luna llena ya estaba en alto y nos alumbró en el descenso.

Los tesoros de Aypate

Uno de los atractivos de la zona es, sin duda, Aypate, una ciudadela inca ubicada a 2,916 m.s.n.m. en un cerro que se divisa desde la ciudad de Ayabaca, al otro lado del valle. Se asciende a pie, si se parte desde Yanchalá –ubicado a 2 horas de Ayabaca- el ascenso se hace en tres horas a pie. Está previsto construir una pista desde Yanchalá a “La Puerta”, lo que permitirá aprovechar el gran potencial que tiene.

El camino está marcado por el tránsito de animales y lugareños que a diario utilizan el sendero formando lo que se conoce como “lomo de camello”. Para quienes no estamos acostumbrados a recorrer zonas como ésta, hacerlo puede resultar muy difícil. Las lluvias hacen que lodo, agua y piedras, en esta época, jueguen un rol importante en el ánimo de quien decide conocer las ruinas.

Por otro lado, la misma ciudadela requiere de inversión para continuar con los trabajos de exploración que harían de Aypate un gran centro para el turismo en el norte de del país. Los trabajos de restauración de las ruinas han avanzado lentamente desde que Mario Polía hizo los primeros trabajos de exploración a la zona y la maleza cubría toda el área.

El trabajo de su gente

Los ayabaquinos tienen un gran potencial en cada una de las zonas, pero requieren el apoyo fundamental de los organismos gubernamentales, pero especialmente del trabajo que ellos mismos puedan hacer. Es importante que los pobladores aprendan a valorar la gran riqueza natural que poseen y el maravilloso potencial que ésta ofrece, por lo que deben cuidarlo al máximo, evitando la depredación de sus bosques y la recolección de orquídeas, que deberán reproducirse de modo que no se depreden.

En este sentido, el futuro de Ayabaca está principalmente en manos de sus propios pobladores, no necesitan de otros para ofrecer siempre una ciudad limpia y agradable a la vista del turista, con vías y caminos de acceso a sus miradores completamente limpios y cuidados de tal forma que el visitante no sólo se sienta cómodo y satisfecho, sino dispuesto a volver una y otra vez..