Cautivos de las alturas
Parecíamos
personajes vivos de un gran cuadro rodeados de montañas que reposan
sobre un gran colchón de nubes y con el privilegio de contemplar la
tragedia de la muerte del sol en una tarde de verano a 3,000 m.s.n.m.
Fue en un atardecer en Yantuma, en la magia de la provincia de Ayabaca.
A las 9.20 de la mañana empezamos el viaje a esta ciudad,
ubicada a 2,700 m.s.n.m. en la sierra piurana. Hace algunos años era
casi imposible conseguir un bus que nos trasladara con cierta comodidad.
Para quienes no tenían la facilidad de viajar en un vehículo propio,
no le quedaba más remedio que ‘treparse’ sobre algún camión o
camioneta y viajar de cualquier modo. ¡Lo importante era llegar!
Sin duda, las cosas han mejorado en los últimos años, pero
aún falta mucho por hacer, si se quiere aprovechar al máximo la
belleza de Ayabaca como parte de la oferta turística
del país, en beneficio de sus pobladores. Para empezar, se hace muy
conveniente construir una carretera totalmente asfaltada.
Durante seis horas de viaje recorrimos los 211 kilómetros que
nos llevaron a la ciudad. En el trayecto fuimos ‘decubriendo’
pueblos como Las Lomas, El Guineo, Paimas, Tondopa -donde está el
puente que cruza el Río Quiroz-, Arreipite Bajo, Arreipite Alto,
Pingola –el sitio más alto de la zona- y finalmente llegamos a Ayabaca, capital de
la provincia del mismo nombre que este año celebró sus 138 años de
creación política.
El fin de semana pasado, con cuatro días de descanso, nos
animó -al igual que a muchos otros- a movilizarnos hasta esta parte del
departamento de Piura.
La capacidad hotelera se resume en ocho hoteles, número insuficiente si
es que pretende atraer a un número importante de turistas. Quizá los
mismos pobladores pueden convertir sus casas en sitios de “hospedaje”,
ambientarlos convenientemente y convertir esta actividad en una fuente
de trabajo e ingreso familiar.
La Festividad Patronal del Señor Cautivo de Ayabaca,
que se celebra entre el 10 y el 15 de octubre, reúne durante estos
días, e incluso en todos los del mes, a un importante número de
peregrinos. Son muchos miles los viajeros provenientes de distintas
provincias y distritos del Departamento, así como de otros, y hasta de
Ecuador y Colombia, los que acuden a Ayabaca a la tradicional fiesta.
La excepcional muerte del rey
La misma tarde llegamos hasta el cerro Yantuma en 40 minutos de
viaje. Es en Yacupamapa donde se inicia el ascenso a la cima del cerro.
La vista que ofrece es impresionante. En el trayecto se pueden apreciar
verdes prados flanqueados por arbustos, árboles con un hermoso y
variado colorido de hojas y flores, así como los restos de los andenes
incaicos. En este lugar, ya se han producido algunos hallazgos de momias
como resultado de la búsqueda de huacos -“huaqueo”- realizada por
sus pobladores.
Desde cierto punto, al descender de la cima, se observa al Este
la ciudad de Ayabaca y al Oeste, el sol que se oculta. El espectáculo
es impresionante, poco después de las seis de la tarde, aproximadamente
durante 15 minutos el gran colchón de nubes muda su blancura por
innumerables tonos del arco iris que va desde un trágico anaranjado,
pasando por varios tonos de amarillo, hasta llegar al celeste que toca
el turquesa. Y coincidió
que detrás, la luna llena ya estaba en alto y nos alumbró en el
descenso.
Los tesoros de Aypate
Uno de los atractivos de la zona es, sin duda, Aypate, una ciudadela inca ubicada a
2,916 m.s.n.m. en un cerro que se divisa desde la ciudad de Ayabaca, al
otro lado del valle. Se asciende a pie, si se parte desde Yanchalá –ubicado
a 2 horas de Ayabaca- el ascenso se hace en tres horas a pie. Está
previsto construir una pista desde Yanchalá a “La Puerta”, lo que
permitirá aprovechar el gran potencial que tiene.
El camino está marcado por el tránsito de animales y
lugareños que a diario utilizan el sendero formando lo que se conoce
como “lomo de camello”. Para quienes no estamos acostumbrados a
recorrer zonas como ésta, hacerlo puede resultar muy difícil. Las
lluvias hacen que lodo, agua y piedras, en esta época, jueguen un rol
importante en el ánimo de quien decide conocer las ruinas.
Por otro lado, la misma ciudadela requiere de inversión para
continuar con los trabajos de exploración que harían de Aypate un gran centro
para el turismo en el norte de del país. Los trabajos de restauración
de las ruinas han avanzado lentamente desde que Mario Polía hizo los
primeros trabajos de exploración a la zona y la maleza cubría toda el
área.
El trabajo de su gente
Los ayabaquinos tienen un gran potencial en cada una de las
zonas, pero requieren el apoyo fundamental de los organismos
gubernamentales, pero especialmente del trabajo que ellos mismos puedan
hacer. Es importante que los pobladores aprendan a valorar la gran
riqueza natural que poseen y el maravilloso potencial que ésta ofrece,
por lo que deben cuidarlo al máximo, evitando la depredación de sus
bosques y la recolección de orquídeas, que deberán reproducirse de
modo que no se depreden.
En este sentido, el futuro de Ayabaca está principalmente en
manos de sus propios pobladores, no necesitan de otros para ofrecer
siempre una ciudad limpia y agradable a la vista del turista, con vías
y caminos de acceso a sus miradores completamente limpios y cuidados de
tal forma que el visitante no sólo se sienta cómodo y satisfecho, sino
dispuesto a volver una y otra vez..