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La casa hacienda Sojo

LO QUE EL VIENTO NO SE PUDO LLEVAR

...del desierto

 

Una Casa-Hacienda de los primeros años de este siglo sobrevive en medio del cálido desierto del pueblo de Sojo -a 12 kilómetros de Sullana-. Solitaria y descuidada, permanece en el recuerdo de la familia que la habitó, pero su historia se va como el viento y es difícil recuperarla.

Entre los algarrobos y los médanos, el valle y el pueblo, una casa se levanta sola en medio del desierto. Nadie la habita, tan solo por ella transitan el viento y la tierra y un guardia que la cuida de sus malestares y tristezas.

Años yace allí, desde que don Miguel Checa y Checa la ideara y construyera en los primeros lustros de este siglo -aproximadamente en 1910-, hasta el día de hoy que abandonada advierte el paso del tiempo.

Junto al pueblo de Sojo es ahora un monumento histórico -declarada así desde el 15 de octubre de 1994- en planes de refacción ya que recuerda la época de los hacendados que habitaban y cultivaban en la zona norte del Perú.

LO DESCONOCIDO DE SU HISTORIA

En la época en que el Perú se recuperaba económica y políticamente de la guerra del Pacífico don Miguel Checa y Checa era un conocido hacendado de la ciudad Piura.

Poseía tierras junto al pueblo de Sojo: una granja de pavos, establos con ganadería, huertos y plantaciones de algodón, por lo que era importante en el valle del Chira.

Don Miguel fue filántropo y agricultor; construyó el canal Checa, colaboró en la elaboración del puente San Miguel de Piura y en la política de la región, y en aquéllos tiempos logró controlar gran parte de los cultivos de la región.

Un buen día, al ver la dificultad que tenía de trasladarse de Piura a su hacienda para trabajar, decidió construir una casa junto a su propiedad.

Mandó a traer madera de Nicaragua, locetas y molduras de España y, para que diseñara la casa, al arquitecto español, Comas, quien edificara tiempo atrás con don Miguel, el puente San Miguel de Piura -puente viejo.

La obra se finalizó aproximadamente en 1910. La casa enteramente de madera y yeso -dos mil 600 metros cuadrados en costrucción- adquirió un estilo señorial neoclásico - republicano, con cuatro terrazas, treintaiséis habitaciones, dos escaleras caracol con marmól enviado de Italia y una vista plena desde lo alto del valle del Chira.

Estuvo habitada durante cincuentaiocho años, alojó a personas ilustres, como al príncipe de Gales -quien viniera a principios de siglo al Perú- y al presidente José Pardo y vio pasar de cerca a tres generaciones de la familia Checa.

Pero en 1968 la casa tuvo que ser desalojada; el gobierno del general Juan Velasco Alvarado a raíz de la estatización agraria no permitió que los Checa se quedaran con ella, por lo que su hacienda se perdió y desde entonces se llamó "La coorporación Miraflores" (1972).

Con el tiempo la familia Checa logró recuperar sus tierras, pero ésta ya no estaba interesada en vivir allí, la casa-hacienda necesitaba que la refaccionaran y que reonstruyeran las granjas y los huertos.

LO QUE EL VIENTO NO SE LLEVO

El 15 de octubre de 1994 el Instituto Nacional de Cultura (INC) declaró a la Casa-Hacienda de Sojo -como actualmente se la llama- Monumento Histórico Nacional mediante el gobierno central y la Resolución Suprema número 505-74-ED.

Es una de las pocas casas que se mantiene en su género en buen estado, a pesar de todos los Fenómenos del Niño que han pasado sobre ella.

Muchas personas que la ven en el camino Sullana-Paita dicen encontrar en ella un parecido a la casa de la película de "Lo que el viento se llevó" y es que su tamaño, sus columnas y sus dos escaleras de caracol lo advierten.

En su época tenía una sala de recepción, un comedor, una cocina, un salón-bar -en donde jugaban billar- y una biblioteca. Sobre la puerta de entrada el escudo Checa-Eguiguren.

Dos de sus cuatro miradores que dan la vista al valle del Chira se les llama "Miradores del Valle" porque desde allí -se dice- don Miguel controlaba los cultivos. Los jardines que la rodeaban poseían cantidades de flores -algunas provenientes de Panamá- que eran alimentadas bajo un sistema de riego.

La casa-hacienda de Sojo aún permanece allí esperando que la reconstruyan y que el viento nunca se lleve sus recuerdos.